Las comunidades en medio de las transformaciones urbanas //
Pelin Tan

Las ciudades viven en transición. Las minorías o ciertas comunidades poseen una identidad específica que tiene raíces étnicas, religiosas o económicas. Esta es una identidad ubicada, que se combina con la relación con la coexistencia del espacio urbano. El barrio donde yo vivo es una parte de la ciudad situada cerca de los principales centros culturales cosmopolitas de Taksim y Gálata; los que viven en él son principalmente gitanos, árabes procedentes de Anatolia, y kurdos. Tophane representa al «Otro» en la conciencia urbana de los habitantes de Estambul; es extraño e inseguro, un lugar al que se asocian los tópicos y los equívocos urbanos sobre el peligro. Para mí, este distrito es muy seguro, pero para la gente que prefiere vivir en «urbanizaciones cerradas y vigiladas», Tophane es el lugar, como mito urbano, que justifica la segregación respecto de la ciudad.


Definimos nuestra relación a través de estos mitos urbanos y cuando transformamos nuestras relaciones, la distancia respecto del «Otro» en un entorno arquitectónico que refuerza los tabúes sociales, la violencia y la segregación urbana, cortamos nuestra conciencia urbana que conecta con nuestra identidad colectiva en el espacio público. En The Architectural Uncanny, Anthony Vidler1 reflexiona sobre la relación entre «la memoria urbana» y la ciudad: «En la ciudad tradicional, antigua, medieval o renacentista, la memoria urbana era lo suficientemente fácil de definir; era esta imagen de la ciudad lo que permitía al ciudadano identificarse con el pasado y el presente de la ciudad en tanto que entidad política, cultural y social; no era ni la “realidad” de la ciudad ni una utopía meramente imaginaria [...]; la ciudad sería reconocida como “hogar”, como algo no ajeno, como un entorno moral y protegido para la vida cotidiana». El mismo autor propone una cuestionable definición de lo extraño en las ciudades globales. Como resultado de la diversidad étnica y social y de la segregación en las ciudades modernas, es difícil crear una memoria urbana colectiva con la que los ciudadanos se puedan identificar. Por lo tanto, las condiciones de extrañeza y las oscuras identificaciones con el lugar conducen a los discursos urbanos basados en el miedo y la necesidad de seguridad y protección. Los guetos urbanos, las periferias de los centros urbanos, las urbanizaciones cerradas y protegidas y otras áreas urbanas cuyos habitantes tienen orígenes culturales, económicos y sociales distintos son impregnados con estos discursos, aunque éstos no se basen hechos reales. El racismo y la homofobia a menudo tienen éxito.


A lo largo de los dos siglos pasados, los términos «ciudad» y «metrópolis» han representado la utopía del cosmopolitismo: comunidades diversificadas y el derecho a participar en el espacio público. En décadas recientes, no obstante, hemos sido testigos del fracaso de las utopías urbanas y de la noción del ciudadano moderno de élite. El fenómeno de las urbanizaciones cerradas en Estambul ha alterado la textura y los estilos de vida urbanos en esta ciudad en crecimiento constante. Durante la última década, se han desarrollado algunas áreas suburbiales en las afueras de la ciudad. Éstas son diferentes de las áreas gecekondu de los años sesenta-ochenta, ocupadas por inmigrantes de Anatolia y situadas en las afueras de la ciudad. Los gecekondu («barrio bajo» o «arrabal») proliferaron a base de ocupaciones y construcciones ilegales. Después de 1995, sin embargo, las urbanizaciones protegidas a las afueras de Estambul han sido ocupadas por personas de la clase media alta.
Dicho en otras palabras, las urbanizaciones protegidas son zonas residenciales privadas para ciudadanos que buscan un estilo de vida más seguro y de más nivel que el que pueden encontrar en el centro de la ciudad. «Esta nueva clase social», explican Aliye Ahu Gülümser y Tüzin Baycan Levent,2 «ha llevado a los promotores de inversiones en fincas a gran escala a poner en marcha proyectos protegidos, que ofrecen un nivel de vida y una calidad de vida mejores, así como la posibilidad de reducir el estrés de la vida cotidiana.» El neoliberalismo económico y la legislación sobre edificación masiva han permitido la especulación con el suelo y el desarrollo y la privatización del suelo municipal.


Términos como «espacio público», «privatización», «comunidad urbana», «seguridad», «identidad» y «ciudadanía» adquieren nuevos significados en el contexto de las urbanizaciones protegidas. Pertenecer a una ciudad ya no tiene sentido, pero pertenecer a una urbanización –a una marcada por un estilo de vida común, la posesión de la propiedad y un sentimiento de pertenencia– sí. Esta es la nueva y conflictiva definición de ciudadanía en la ciudad global contemporánea. Por una parte, la ciudad global comprende numerosas comunidades multiculturales y étnicas; por otro lado, el derecho a participar en la esfera pública y a compartir el espacio urbano está reñido con una definición de ciudadanía basada en la idea del Estado nación.
Desde los años noventa, muchos de los barrios periféricos del este y del oeste de Estambul han sido privatizados por inversores locales. En muchos casos se trata de joint-ventures con despachos de arquitectos estadounidenses, con diseños y planos a menudo importados de EEUU, y con anuncios publicitarios a menudo en inglés. Prometen un mejor estilo de vida, en contraste con las distopías de Estambul: terremotos, contaminación y tráfico. Sinpas Central Life promete bienestar, con un club de fitness y nada de tráfico. Agaoglu My Town ofrece naturaleza, seguridad y menos tráfico.


Aquí, las comunidades son definidas por el estilo de vida de los habitantes de las urbanizaciones protegidas, pero, por otro lado, el «Otro» vuelve a ser definido por los ojos de estas comunidades. Los diferentes estilos de vida de la ciudad (fuera/dentro de casa) revelan distintas prácticas de modernidades locales en el espacio/tiempo compartido. El análisis de las relaciones entre seguridad, segregación y ciudadanía revela cómo se producen y se consumen los discursos urbanos. En la nueva ciudad global, la noción de ciudadanía está basada en los derechos legales, en «...normas, prácticas, significados e identidades».3 ¿Cómo las urbanizaciones protegidas se relacionan con estas discusiones, especialmente en términos de organización espacial y derechos civiles? Bülent Diken4 compara las urbanizaciones protegidas con los campos de refugiados, argumentando que forman una deseable dicotomía dentro de/fuera de la ciudad, en la que las urbanizaciones cerradas contemporáneas son lugares que se pueden abarcar con la mirada, lugares cuyos habitantes prescinden de algunos derechos por seguridad, para vivir con la comodidad de «estar bajo control». Con todo, esta opinión sobre la seguridad del campo frente a la de las urbanizaciones protegidas resulta problemática. Las relaciones dentro de la comunidad de los grupos de los «otros» (los pobres, los refugiados, los grupos étnicos) suplantan muchas normalidades y normas públicas, creando su propia red de seguridad sin establecer fronteras físicas. Como pasa en Tophane. Aquí somos testigos de comunidades opuestas (urbanización protegida o Tophane en tanto que periferia urbana), que negocian el espacio público y sus derechos sobre la ciudadanía de distintas formas.


Otra negociación del espacio tiene lugar en el barrio de Sulukule, en la histórica península de Estambul, donde desde los tiempos del Imperio Otomano se establecieron numerosas comunidades gitanas, que hoy tienen que hacer frente al desplazamiento. La conservadora autoridad municipal local, que se ha adaptado con facilidad a las reformas de la planificación urbanística neoliberal, generalmente basadas en decisiones de planificación no participativas, tomadas desde arriba, y en actuaciones urbanicidas, decide la estrategia del desplazamiento. En el caso de Sulukule, la condición de ciudadanía o el derecho de compartir el espacio urbano, de vivir en la ciudad, dependen de la negociación arraigo/desplazamiento. Quizá sea la primera vez en su historia en que la ideología estatal, la producción de espacio y las estrategias económicas neoliberales se superponen tan claramente en una ciudad. En Estambul, nuestros movimientos y nuestra vida cotidiana están condicionados por las estrategias, tomadas desde arriba, de la lógica neoliberal en economía, que apunta a la redefinición de los espacios urbanos; así se puede observar no sólo como un acontecimiento físico sino también como un nuevo hecho ideológico que está de acuerdo con o reproduce el discurso estatal a través de la producción de espacio. Así pues, una pregunta interesante sería: ¿por qué el discurso estatal sobre la modernización se ha convertido en una herramienta de legitimación no solo de la vinculación de las funciones de los espacios a la cadena capitalista global, sino también del discurso de la reproducción de la reciente ideología estatal de la identidad otomano-islamista?5 Las estrategias globales de la economía neoliberal, ¿cómo se asocian a este discurso local a la hora de capitalizar no sólo el espacio sino también las relaciones sociales que definen el espacio urbano? Al explicar el cambio en el neoliberalismo de los siglos xx y xxi,6 Neil Smith habla de una nueva forma de neoliberalismo en que «no es el poder nacional sino el poder estatal el que se organiza y se ejerce a diferentes escalas geográficas».7

Por tanto, ¿cómo podemos aplicar la definición de Smith de neoliberalismo «global» a los espacios de Estambul? Sabemos que el golpe de estado de 1980 en Turquía provocó el apoyo del Fondo Monetario Europeo, que situó el país en la cadena de la economía global. A partir de los años ochenta, los ayuntamientos recibieron del gobierno un apoyo financiero específico (paralelo a los cambios políticos) para la reconstrucción de los espacios urbanos. En este contexto, el desarrollo económico local (en inglés LED) se refiere a una joint-venture entre ayuntamientos, promotores locales e inversores con capital global que determinan y son responsables de transformaciones urbanas a gran escala, o proyectos de ennoblecimiento. La transformación del suelo de una propiedad estatal a una propiedad privada, la legitimación de zonas gecekondu y su inclusión en la producción capitalista de espacios urbanos,8 o la expansión de la ciudad con «condominios o urbanizaciones cerradas», todo ello es posible gracias a la manipulación de las políticas ubanísticas y económicas relacionadas. En una especie de continuidad, los años 2000 han sido testigos del emergencia de proyectos de transformación urbanística a gran escala bajo las etiquetas de «renovación urbanística» o «desarrollo urbanístico» que legitiman el «derribo» y la «reconstrucción» mediante discursos abstractos sobre el miedo a la ciudad, la ecología, el legado cultural y los desastres naturales (como los terremotos). En 2005, con la ordenanza de renovación y transformación urbana 5.366, que concede plenos poderes a los ayuntamientos para la renovación y el desarrollo, la legitimación de los recientes proyectos de transformación urbanística se ha disparado. Sulukule, el distrito donde se había instalado la mayor parte de la comunidad gitana de Estambul desde la era otomana, ahora debe hacer frente al desplazamiento forzoso de sus habitantes. Con la ordenanza 5.366, se decidió que el asentamiento del distrito sería derribado el día 13 de diciembre de 2006 por las autoridades estatales.

Como resultado, algunos arquitectos y otros participantes procedentes de distintos campos crearon una plataforma interdisciplinaria, la Plataforma Sulukule, que recibió el apoyo de varis ONG y universidades, y orquestó actos públicos para defender el distrito y su gente.9 La plataforma también colaboró con los abogados del Colegio de Arquitectos de Estambul para oponerse a la aplicación de la ordenanza llevando el caso a la más alta instancia ministerial. El resultado: la ordenanza se ha parado y tiene una moratoria. En los últimos meses, los actos públicos y el apoyo recibido ha sido tan fuerte que el ayuntamiento ha aceptado negociar con la plataforma y sus creadores. El 17 de mayo, las partes implicadas (o interesadas en el caso, como algunas universidades, alcaldías, ONG y los mismos impulsores) firmaron un protocolo. La colaboración y la organización a nivel de barrio es posible, especialmente en la organización de acontecimientos temporales y el uso de las redes locales, que fomenta la participación no solo de los asentamientos, sino también de actores de distintos campos. La presencia de estas plataformas que son creadas por individuos (y no por las instituciones) puede replantear la relación entre la ideología y el espacio. En tal caso, es posible un activismo moderado a escala de barrio, como dice Negri.10 Tiene que haber alguna posibilidad de utilizar las prácticas espaciales del ámbito local, y ser capaz de crear acciones a través de éstas no corresponde ni responde a la realidad creada por las ideologías y por las estrategias de la economía neoliberal.


Notas
1. Vidler, Anthony, The Architectural Uncanny, The MIT Press, Cambridge (MA) 1992.
2. Gülümser, Aliye Ahu y Levent, Tüzin Baycan, «Through the Sky: Vertical Gated Developments in Istanbul», UIA 12th World Congress of Architecture, Estambul 2005.
3. Isin, Engin F., «Democracy, Citizenship and the City», en Isin, E. F., Democracy, Citizenship and the Global City, Routledge, Londres-Nueva York, 2000.
4. Diken, Bülent, «From Refugee Camps to Gated Communities: Biopolitics and the End of the City», Citizenship Studies, vol. 8, nº. 1, marzo de 2004, pp. 83-106.
5. Aliñada con la nostalgia de la identidad turco-otomana que intenta apoyar a la ideología de inspiración islamista, ultranacionalista y conservadora.
6. Smith, Neil, New Globalism, New Urbanism: Gentrification as Global Urban Strategy, Antipode, vol. 34, nº. 3, 2002, p. 429.
7. Ídem, p. 429. El liberalismo del siglo xviii, John Locke y Adam Smith. «La propiedad privada es el fundamento de este interés [individual], y el intercambio del libre mercado es su vehículo ideal.»
8. Más información en Güvenç, Murat e Isik, Oguz, «A Metropolis at the Crossroads: The Changing Social Geography of Istanbul under the Impact of Globalization», en Marcuse, P. y Van Kempen, R., Of States and Cities, Partitioning of Urban Space, Oxford University Press, 2002, capítulo 10, p. 212 («Los recién llegados en muchos casos se veían privados de los medios para construir una estructura de varios niveles para ellos, ya que la práctica de los usuarios de construir sus casas ocupadas pertenecía al pasado.»).
9. Entrevista con Asli Kiyak Ingin, por Pelin Tan: www.arkitera.com/soylesi_68_asli-kiyak-ingin.html,http://40gun40gece-sulukule.blogspot.com/.
10. Negri Toni, Petcou, Constantin, Petrescu, Doina y Querrien, Anne, «What makes a biopolitical space? A discussion with Toni Negri», Multitudes, nº. 31, 2008.

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