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Los urbanismos transformativos o sobre cómo Walter Benjamin desbarata el capital imperial paseando por ciudades ocupantes //
Solomon Benjamin

El urbanismo transformativo se refiere a la conciencia popular que encuentra una base en el materialismo, que es al mismo tiempo festivo y radical, definido por los actos habituales cotidianos de la construcción de ciudad: son testigo de él los mercados ambulantes que se apropian del paisaje de las calles, y las fábricas que apuestan tanto por la marca como por la no marca. En otro lugar, hablo de una política dominante pero radical que reconstituye la «propiedad» mediante urbanismos autoorganizados.1 Si eso fuera así, ¿el aumento de enclaves étnicos y la transformación de los centros de ciudades de Europa y algunas ciudades de Norteamérica plantean una reconstitución igualmente radical? ¿Proclama la variedad de casos vistos en Post-it City. Ciudades ocasionales una transformación mucho más amplia para desestabilizar al capital imperial que es supuestamente la principal fuerza impulsora y narrativa hegemónica subyacente al paisaje urbano contemporáneo?


El urbanismo transformativo ha conmocionado la antigua y elitista planificación maestra. Ahora se mueve para perturbar al capital (globalizado) imperial: mega proyectos promocionados por instituciones financieras internacionales como la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial en asociación con promotores inmobiliarios muy importantes.2 Los urbanismos transformativos perturban varias narrativas comunes de un extremo ideológico al otro, incluso aquellas aparentemente más progresistas, fomentando su aceptación tácita del capital imperial y situándose políticamente en los extremos. Materialmente y quizá allí donde duele más, el urbanismo transformativo perturba el proyecto neoliberal: ¡las «ciudades competitivas» construidas para engendrar la «clase creativa»! De hecho, su fundamento político interrumpe el presunto flujo continuo de capital dentro del proceso de materias primas mediante un capitalismo a nivel de calle anárquico y, como veremos, poroso, tal como observa Jeebesh Bagchi de Sarai (Delhi). Esta visión del poder y de la política no es nueva. Foucault ayuda a ver la fluidez de los procesos materiales implicados en la urbanidad; sin embargo, si entramos en el escenario de la vida, de la excitación compleja, incierta y a menudo dialéctica, y de los rituales consumistas diarios, descubrimos que los escritos de Walter Benjamin (con Asja Lacis) sobre «Nápoles» tienen un atractivo especialmente visionario.3 Si Walter Benjamin hubiera despertado medio siglo después (como un Rip van Winkle) en las estaciones de metro del Sur Global, y en los barrios de emigrantes de la Europa del Norte o de las ciudades americanas, probablemente veríamos ampliaciones de este artículo sobre su porosidad vibrante. También podemos suponer que probablemente le emocionaría especialmente la visita a la exposición Post-it City. Ciudades ocasionales, que retrata el espíritu vibrante que rezuma más allá del control centralizado. Y quizá lo más importante en estos tiempos de miedos y fantasmas perpetuos, «Nápoles» cobraría vida para exponer estos fantasmas.

El urbanismo transformativo contra el «miedo planificador»


La poesía y la imaginación son importantes en esta época de planificación obsesiva y, con ésta, de control y subversión del espíritu humano. No es sorprendente que los urbanistas vean esta dinámica negativamente como «crecimiento demográfico» y la proliferación de los «barrios bajos» con mucho miedo.4 Ello no hace más que alimentar la propaganda contemporánea del capital imperial: el espectro del miedo, el día del Juicio Final y el futuro Al Qaeda se manifiestan en «barrios bajos sin planificar» y economías «informales».5 Todo ello respalda una política regresiva en la que «política» equivale de hecho a «vigilancia».6 No resulta extraño, en unos tiempos en los que las ciudades luchan para ser «competitivas globalmente» o morir, que estos miedos se utilicen para justificar un dirigismo: por una parte, está la regulación neoliberal que apunta hacia una trayectoria de mercado «libre» (y global) homogeneizado, por otra, un estado nación represivo que ahora utiliza poderes del Estado (en nombre del bien a público) para reforzar el poder de las fuerzas corporativas. Lo que vemos en la exposición Post-it City. Ciudades ocasionales es un estricto contraataque a este terrorismo ideológico. Da fe de ello la amplia evidencia de que las ciudades se autoorganizan, crecen y, quizá, con el tiempo mostrarán hasta qué punto pueden ser corrosivas para el «plan global» o la megainfraestructura.

El urbanismo transformativo como corriente dominante (y no «marginal»)


Algunos sectores del pensamiento progresista ven este urbanismo como una «táctica», como una «estrategia» contrahegemónica, como planteó Michael De Certeau.7 Esta visión, exacta sólo superficialmente, plantea dos problemas graves. El primero es conceptual: plantear los espacios ciudadanos como binarios diluye las posibilidades de la política. El sistema binario también da apoyo a un desarrollismo colonial para establecer relaciones en una trayectoria de desarrollo en la que un gran metaproceso transformaría con el tiempo el «violento tribalismo oriental» en «democracia occidental» –la base de un «neoepatrimonialismo» paternalista–. El segundo problema es empírico: el urbanismo transformativo como economía no es precisamente «marginal». Estudios recientes del instituto económico más conservador de India demostraron que estas economías (que denominan sector «no-organizado») generaban el 67% del valor añadido económico, y el 95 % del empleo de la ciudad. Dan apoyo a esta evidencia las imágenes por satélite que muestran rutinariamente que el urbanismo transformativo ocupa el 85% del suelo urbano frente al 15% del «plan maestro». En lugar de caer en la trampa de los planificadores de productividad económica y cantidad, centremos nuestro interés en el urbanismo transformativo, que representa más una conciencia política dominante que una «alternativa»: la economía y el empleo del espacio reflejado por los actos cotidianos de la gente corriente. Estudios etnográficos, reflexivos y detallados de estos urbanismos encajaban esta invisibilidad de la política en lo local.8 No es extraño que las instituciones típicas –el consejo municipal y, allá donde la conciencia política extensiva no es ideología sino materialismo incrustado, los consejeros solidarios– ayuden a los ocupantes a «trabajar el sistema», a encontrar infraestructuras y servicios no sólo para el alojamiento, sino también para pequeñas fábricas y unidades de fabricación y comercio. El materialismo de la tierra y la economía (una forma de vida que es inmediata) es muy politizador. Incluso los niños conocen a sus políticos, con quienes las familias discuten vivamente en las visitas semanales, y con eso influyen los burócratas de nivel abajo y medio, y se abren procedimientos administrativos y, si conviene, lagunas jurídicas para subvertir desahucios y se emprenden acciones para reforzar el uso de tierras de facto.9 Esta porosidad incrustada de las instituciones abre calles porosas, estimulantes legalidades con final abierto y la economía.10 Quizá lo más significativo, el urbanismo transformativo plantea una fusión entre economía y política. Esta fusión es diferente de la convencional economía política, que en su linealidad de desarrollo conformada por el progreso tecnológico escenifica la conciencia política de un futuro distante. En lugar de eso, el urbanismo transformativo propone que valoremos la fluidez y quizá la incertidumbre del espacio que vincula economía y política en un materialismo inmediato. ¿Es este materialismo una falsa conciencia? ¿O es el proceso la sustancia del urbanismo transformativo basado en la «ocupación» lo que radicaliza la propiedad para volver al Nápoles de Walter Benjamin bajo una luz tropical más cruda?

El urbanismo transformativo embebe la ciudad


Las vistas de «Boghal», una zona de asentamiento de refugiados situada en el centro de Delhi, en India, ponen de relieve la metáfora de esta porosidad (figura 1). Materializado en la transformación física de un estéril bloque de viviendas en serie en 1952 en una zona cuyos residentes han reconstruido más del 160% de los bloques originarios a base de ampliaciones hacia la calle, por el tejado y por los patios posteriores. Estas ampliaciones no eran «informales» sino pactadas con el competente departamento del gobierno y con el ayuntamiento. Eran esas mismas ampliaciones, inicialmente concebidas para acoger al crecimiento familiar, las que también alojaban pequeñas tiendas y talleres, lo que estimulaba una importante economía local. La estructura parece una esponja con una gran capacidad de absorción –parte de un arrecife de coral que aloja energías vitales de diversas formas–. En efecto, se trata de un tapiz de muchas partes de Delhi. No hay dos historias iguales, pero todas tienen en común que constituyen complejas expresiones locales de la economía y la política. Y, aún más importante, representan una energía popular que, en su porosidad, subvierte el control centralizado. ¡Quizá los terrenos urbanos sean el escenario de animados teatros donde se representan complejas obras políticas!

La porosidad no sólo procede de la indolencia del artesano meridional, sino también, y por encima de todo, de la pasión por la improvisación, que exige que este espacio y esta oportunidad sean protegidos a cualquiera precio... Igualmente dispersa, porosa y mezclada es la vida privada: [...] cada actitud o acto privado está empapado por corrientes de vida comunitaria. Existir, el tema más privado para el norte-europeo, es aquí, como en el kraal, un asunto colectivo [...]. Los edificios se utilizan como un escenario popular. Están todos divididos en innumerables teatros animados simultáneamente. Balcón, patio, ventana, entrada, escalera, tejado son al mismo tiempo escenario y palcos.11

Cuando Walter Benjamin pasea por Nápoles, ¡la política está en el ritual festivo! En el caso de Bhogal, eso tiene lugar cada semana en los mercados ambulantes del martes. La porosidad abre la economía, y las calles principales del barrio se extienden hasta el espacio privado y comunitario. En la figura 2 se ve el mercado de calle con residentes mezclados con comerciantes de paso, apropiados por la ciudad, usurpados y reconfigurados por la propiedad. Es una economía que se inició con inmigrantes pobres, pero se ha expandido en lugar de desaparecer con los centros comerciales que surgen en otros puntos de la capital.
La porosidad es la ley inagotable de la vida de esta ciudad, que reaparece por todas partes. Existe un cachito de domingo oculto en todos los días laborables, ¡y cuánto de día laborable tienen los domingos! Del mismo modo que el salón reaparece en la calle, con sus sillas, la chimenea y el altar, la calle, aunque más ruidosamente, también emigra hacia el salón. Incluso el más pobre está lleno de velas, santos de porcelana, fotos en la pared, y somieres de hierro, mientras la calle está abarrotada de carros, gente y luces. La pobreza ha aportado una distensión de las fronteras que refleja la libertad más radiante de pensamiento. No hay hora, a menudo no hay lugar, para dormir y comer... Este sueño en el que los hombres y las mujeres también roban en rincones sombríos no es, por lo tanto, el sueño protegido del Norte. Aquí también existe interpenetración del día y la noche, del ruido y la paz, la luz exterior y la oscuridad interior, la calle y la casa.12

El urbanismo transformativo plantea una burocracia mágica


La «planificación maestra» es la niña de los ojos de las corporaciones. Subvierte la globalización imperial para sustituir al desarrollo no planificado. También es atractivo para el clásico izquierdoso y para muchos activistas progresistas que asumen que el plan garantizará la «justicia social» y organizará movimientos sociales. Sin embargo, el urbanismo transformativo hace ineficaz la planificación maestra por la misma regulación que es su razón de ser. Aquí estriba la magia de los burócratas de nivel bajo y medio, gritones, corruptos y dejados, y sus compañeros de batalla (y de negocio): los políticos de poca talla. Toda la atención es para el centro de esta inmensa subversión, el consejo municipal. En lugar de eliminar las falsedades de la justicia social en el «plan maestro» mediante la «planificación progresista» y las «alternativas», el aparato mágico simplemente solapa, estanca y reviste mediante nuevos procedimientos administrativos, expandiendo las lagunas jurídicas para permitir la mezcla del uso de la tierra (para permitir el comercio y la fabricación de base doméstica), la extensión de infraestructuras y servicios en áreas «ilegales» (de hecho, reforzando el empleo de facto) y ambas cosas por percatarse de los superávits inmobiliarios tan buscados por el Banco Mundial así como por sus socios de la nueva globalización imperial. Esta reapropiación de las principales instituciones políticas y administrativas pasa en una causalidad transversal de tierra que es reclamada y su transformación en una economía enmarcada dentro del proceso de materias primas. En consecuencia, el tema no es la creación de una «alternativa», sino más bien una interrupción cuando la burocracia mágica reconstituye su política administrativa. No existe miedo más grande del planificador centralizado y del capital global que el de la burocracia de nivel más oscuro e invisible y la política local que estanca sus sueños de flujos continuos de capital.
Esta celebración también es legal. Veamos ahora la figura 3 de la burocracia de calle que trabaja la ley en procesos incrustados y receptivos a una radicalidad subyacente. Los abogados, los burócratas insignificantes retirados o a punto de dejar su cargo oficial convierten un garaje en un espacio público poroso. Este terreno de vital política silenciosa es hondamente amenazador para aquellos que planifican el futuro globalizado de la India mediante meganarrativas. No es sorprendente que a los activistas progresistas que buscan un esoterismo tan distanciado a menudo les pasen inadvertidos estos materialismos inmediatos.

Los auténticos laboratorios de este gran proceso de mezcolanza son los cafés. La vida es incapaz de detenerse y estancarse en los cafés. Son salas abiertas y sobrias que se parecen al café del pueblo político, y son lo contrario de todo lo vienés, de lo burgués acotado, del mundo literario. Los cafés napolitanos van al grano descaradamente. No es posible estar por mucho rato en ellos. Una taza de café excesivamente caliente –en bebidas calientes esta ciudad no tiene rival, así como en los pasteles, los spumoni y los helados– echa al visitante [...]. Pocas personas pasan el rato sentadas. Unos rápidos movimientos de la mano, y ya han pedido. Aquí el lenguaje gestual va más lejos que en ningún otro lugar de Italia. La conversación es impenetrable para el forastero. Orejas, nariz, ojos, pecho y hombros son estaciones de señales activadas por los dedos. Sí, aquí su causa se perdería, con un poco de suerte, pero el napolitano lo envía amablemente a Mori, unos kilómetros más allá. «Vedere Napoli e poi Mori.»13

 

1 BenjaMin, Solomon, «Occupancy urbanism - a thesis on radical Space», pendent d’aparició a Sarai Reader 07: Frontiers (a través d’un enllaç a publications >readers en www.sarai.net). Aquesta radicalització té lloc a través de l’«ocupació» de facto en una economia de petites empreses la producció de les quals està interrelacionada (sense IPr), i una política majoritàriament municipal que fa èmfasi en diversos règims d’ocupació (per permetre el comerç i la fabricació de base domèstica), (de facto).

2 BenjaMin, Solomon, «analogue to digital: re-living big business’s nightmare in new Hydras», http://world-information.org/wio/
readme/992006691/1154964925.

3 Walter, benjamin i asja, lacis, «naples», Reflections: Essays, Aphorisms, Autobiographical Writings, Schocken books, nova York 1986, pp. 162-173.


4 davis, Mike, Planet of the Slums, Verso, londres-nova York 2006.

5 Per llegir un treball sorprenent sobre el tema promogut pel sistema de seguretat i comerç del govern canadenc, vegeu liotta, P. H., «Human security and cities in the Greater near east», a Human Security for an Urban Century, pp. 12-13, http://humansecurity-cities.org//sites/hscities/ files/Human_Security_for_an_urban_Century.pdf.

6 Dikec, Mustafa, Badlands of the Republic: Space, Politics and Urban
Policy, blackwell Publishing, Oxford 2007.

7Certeau, Michael, «General Introduction», The Practice of Everyday Life, university of California Press, berkeley 1988, pp. xi-xxiv, 6-7.

8 Vegeu SingerMann, diane, «avenues of Participation: Family, Politics and networks in urban Quarters of Cairo», Princeton Studies in Muslim Politics, Princeton university Press, 1995; abdouMaliq, Simone, «Pirate Towns: reworking social and Symbolic infrastructure in Johannesburg and douala», Urban Studies, vol. 43, núm. 2, febrer de 2006, pp. 357-370; benjaMin, Solomon i bhuvaneswari, r., «democracy, Inclusive Governance, and Poverty in bangalore», document de treball núm. 26, http://www.idd.bham.ac.uk/research/Projects/urban-governance/resource_papers/ stage2_casestudies/wp26_bangalore.pdf.

9 BenjaMin, Solomon, «Touts, Pirates and Ghosts!», Sarai reader 05 «Bare Acts», febrer de 2005, http://www.sarai.net/publications/readers/05bare-acts/01_solly.pdf.

10 Liang, lawrence, «Porous legalities and avenues of Participation», http://www.altlawforum.org/PublICaTIOnS/document.2004-1218.6873027732.


11 benjaMin, Walter i lacis, asja, «naples», op. cit., pp. 166-167, 171.

12 Íbid, pp. 168-172.

13 Íbid, p. 173.