Post-it city. Ciutats ocasionals //
Filippo Poli

El making of de la exposición


La modalidad de organización de esta exposición acogida por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona tiene mucho en común con las tácticas de los fenómenos post-it y su forma de desarrollarse con espontaneidad.
La misma red de personas, universidades y plataformas que han contribuido a la exposición con las aportaciones más variadas han trabajado con una libertad total, organizándose ellos mismos con medios limitados. La gran cantidad de trabajos recibidos a lo largo de este año y medio revela que la riqueza intrínseca de este proyecto es su variedad, una fuerza «anárquica» que a veces parecía querer eludir el trabajo del comisario.
Un call for paper enviado a más de dos mil contactos y a unas doscientas submissions son las cifras a partir de las que se seleccionaron los 78 casos estudiados en la muestra.
Se desestimaron las propuestas que mostraban una intervención arquitectónica y urbanística de tipo «tradicional», aunque a menudo el análisis que lo había generado fuera afín a las intenciones de la exposición. Así mismo, también se descartaron las intervenciones artísticas, y nos concentramos, en cambio, en las investigaciones que tenían por objeto la narración de un fenómeno, de una táctica de conquista del espacio, de su ocupación temporal o intermitente.
Lo informal, la improvisación, la marginalidad nos parecieron desde el primer momento los temas más adecuados, que merecían el intento de construir un archivo in progress del fenómeno post-it.
La idea maestra ha sido la de considerar el espacio post-it como una escenografía disponible de carácter opuesto al de la planificación organizada en los espacios controlados, es decir, de carácter más bien basado en la libertad de cuerpos y acciones que se mueven de forma espontánea a través de «espacios abiertos». Quizá más que de la búsqueda de un modelo del fenómeno deberíamos hablar de un trabajo de presentación de sus efectos.
Post-it es «neutro» en el sentido que no es un privilegio para individuos escogidos o para grupos sociales que tengan el poder de imponer reglas en beneficio de sus intereses, sino que es extremamente democrático, nacionalpopular e imposible de imponer. Se desliza dentro de los «estados de excepción», en aquellos puntos de desequilibrio entre derecho público y hecho político, como un germen que logra proliferar gracias a su «bajo perfil», adaptándose a las situaciones, preparado para desaparecer y reaparecer unos metros más allá.
El territorio compartimentado, segmentado, de la sociedad del control deja atrás detritus, desperdicios no digeridos, espacios de alta porosidad a los que van a parar, con una gran capacidad de adaptación e improvisación, los excluidos, los rebeldes o simplemente quien no tiene otras alternativas.

El espacio expositivo


La primera sección de la exposición está ocupada por la genealogía de Post-it: no se trata de un texto didáctico, sino de una acción concreta, un vuelo irrepetible de Berlín a la Plaza Roja de Moscú durante los años de la guerra fría y de la Europa dividida. Un gesto inconsciente retransmitido por las televisiones de todo el mundo.
Con esta enzima latente el espectador entra en el archipiélago de los casos estudiados.
Pensada como un archivo, la estética de la muestra es fría y severa. Una caja ligera, de un metro por un metro, constituye el soporte de todos los trabajos, a los que al mismo tiempo sirve de protección durante el transporte: de esta manera se reducen los costes y se ofrece un menú «a la carta» a los centros de arte que la acogerán.
La exposición no es un abecedario, sino más bien una colección no serial de palabras, cuyas relaciones recíprocas son libres y susceptibles de ser interpretadas, un anagrama que no deja de cambiar.
Los módulos expositivos se pueden apoyar horizontalmente o se pueden colgar de la pared, según el espacio disponible. Las paredes verticales alojan los textos pensados como fichas técnicas, con unos textos breves redactados por los autores o, en algunos casos, por los comisarios.
Paralelamente, se presentan quince series de fotografías y vídeo de autor que recogen una mínima parte de los trabajos de fotógrafos que en los últimos años han tratado temáticas muy afines a las de Post-it.
Se han seleccionado 78 casos, de los que 16 proceden de Europa (Barcelona es considerada un solo caso), 5 de América del Norte, 11 de América del Sur, 14 de Asia (5 de ellos de Oriente Medio) y 4 de África (una tierra riquísima en situaciones post-it pero cuya información es por desgracia muy difícil de encontrar).
La procedencia geográfica es la prueba, si es que alguna vez hiciera falta, de que las situaciones económicas y sociopolíticas de los cuatro continentes son difícilmente comparables y de que quererlas mirar desde un solo punto de vista no puede llevar más que a conclusiones equivocadas. El equívoco podría nacer del intento de sistematizar unos materiales procedentes de experiencias tan diferentes. Por esta razón hemos elaborado un glosario de palabras, más que unas categorías precisas. El fenómeno mismo sugiere que, más allá de las posibles previsiones, la dinámica del espacio público diversifica las prácticas mediante procesos imposibles de categorizar, y no categorizar ha sido también una forma de evitar jerarquías semánticas en su interior.
A lo largo del recorrido de la exposición, los casos estudiados están organizados por grupos nunca declarados explícitamente, para dejar al espectador libertad de interpretación. Así, el mercado asiático que para nosotros los europeos conserva un aspecto exótico parecerá un tema obvio a un visitante oriental pero es útil para hacernos comprender que existe una alternativa a la economía dominante que tiene una fuerza tal que puede llegar a cambiar el aspecto de barrios enteros (sobre todo en Asia y América del Sur). La autoorganización que a nosotros nos parece un valor casi perdido, o, desde otro punto de vista, que se empieza a redescubrir, es el pilar y la fuente de vida de poblaciones enteras.
Por ejemplo, un estadio de Varsovia ocupado por un mercadillo que se ha convertido en una institución está al lado de los vendedores ambulantes de la ciudad de Los Ángeles, o bien los sin-techo milaneses que se esconden en los coches abandonados miran a sus colegas de Tokio, reconocibles por la característica lona azul que les proporciona el Ayuntamiento. Es evidente que el escenario que en uno y otro caso hay detrás es diferente, pero las modalidades de apropiación del espacio son muy semejantes, aunque en lugares diferentes. La exposición intenta narrar este viaje a una ciudad hecha de retales geográficamente muy alejados entre sí, pero con los que se podría componer el puzzle de la ciudad informal.
Algunos casos estudiados nacen de investigaciones más amplias que los autores están desarrollando en universidades o bien provienen de experiencias vitales directas, y casi siempre hay una relación muy estrecha entre observación, producción y difusión de la obra, gracias a la generosidad de grupos formados por jóvenes que han trabajado sin cobrar, ofreciendo su valioso material.

La sección de Barcelona está dedicada a los trabajos realizados por los estudiantes de un taller organizado en junio de 2005 con motivo de la muestra en el Centro de Arte Santa Mónica. Grupos de trabajo constituidos por arquitectos, geógrafos, artistas y antropólogos han estudiado las maneras de apropiarse del espacio público de la ciudad que acoge esta primera etapa de Post-it city.
La intención es mantener en todo momento una estrecha relación con el territorio que recibirá la exposición y promover actividades paralelas, talleres y conferencias relacionadas con la especificidad de cada lugar.
Parte de la exposición, pues, está dedicada a investigaciones locales que poco a poco irán enriqueciendo el catálogo de las «ciudades en red», que por ahora presenta los trabajos de diecinueve ciudades (Berlín, Santiago de Chile, Valparaíso, Bogotá, Ciudad de Panamá, Buenos Aires, Sao Paulo, Valencia, Oporto, Volos, Viena, Belgrado, Roma, Denver, Morelia, Glasgow, Sevilla, Córdoba, Málaga) y de tres revistas que han dedicado sus páginas a estos temas.

Finalmente, la última sala, el Centro de Documentación, está pensada como un lugar de trabajo, un espacio de estudio y consulta donde se impartirán lecciones y se celebrarán encuentros durante los meses que durará la exposición y donde se presentarán trabajos paralelos en una superficie disponible de 66 m2 y con conexión a Internet de 2.0, del que el CCCB es el centro neurálgico. Este espacio vivo y retransmisor refleja el deseo de que el proyecto, después de haber aterrizado en Barcelona, pueda difundirse, con sus incongruencias e incoherencias, de las que la misma exposición representa quizá la aporía fundamental: mostrar estos fenómenos que a menudo sobreviven gracias a su escasa visibilidad, a la oficiosidad, a la dificultad que tiene la planificación al definirlos y, por lo tanto, al reprimirlos es en cierto sentido minarlos desde la base, o bien –es lo que esperamos- hacer que la conciencia de que existe una ciudad alternativa pueda convertirse en un elemento útil a tener en cuenta en la próxima planificación urbanística que sea capaz de dejar espacio a lo imprevisto y de acoger un uso «impropio» del espacio que a menudo se revela el más estimulante.

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