Memoria, celebraciones y mercado inmobiliario
Un pasaje. Construcciones en base a módulos rectangulares, arman las dos paredes de cada lado de la calle, las que no exceden los tres metros de alto. Globos de colores.
Bloques de rectángulos acostados. Uno al lado de otro. Uno sobre otro. Unos abiertos, unos cerrados con rejas o vidrio.
Uno en particular, con una ventana de aluminio atiborrada de autoadhesivos.
Los cementerios como lugares formales de la ciudad -son soporte de ocupaciones post-it,- “lugares subjetivos”. Respecto a las tumbas de niños/as, existen espacios delimitados, especialmente designados para los infantes, lo que ha generado una situación de comunidad, donde se crean códigos propios y se constituye “lugar de recuerdos”.
Estos espacios se configuran preferentemente a partir patios o galerías de nichos donde afloran una serie de fenómenos; situaciones que tienen que ver con la autoconstrucción, la intervención y apropiación de estos lugares. Y aún, en un formato absolutamente distinto, que es el de los cementerios parque, siguen apareciendo indicios de estas prácticas informales.
¿Qué sucede entonces con aquellas subjetividades desplazadas, cuando la muerte de un hijo (niño/a) simbolizado en un nicho ritual desaparece por completo por falta de recursos? |