Talleres textiles en Buenos Aires y suburbios
Un anuncio: “Se necesita costurero”.
Yacuiba, Bolivia. Un taxi esperando en la frontera. Orán, Argentina.
25 horas de viaje, los costureros llegan a Buenos Aires y se bajan en Liniers.
Desde las cabinas del locutorio ven la esquina donde levantan a los costureros indocumentados, la bolsa de trabajo pública del Bajo Flores. Las camionetas de los talleristas los acomodan en cada fachada: casas con portones y retazos de tela descartados entre la basura de la vereda. Manzana adentro depósitos y talleres en departamentos, almacenes, sótanos y entrepisos. Tubos fluorescentes y una colección de overlocks, rectas, doble-agujas, botoneras, ojaladoras, atracadoras, cintureras y collaretas. Un baño. Tabiques, cuchetas, colchones y carpas en patios o terrazas.
Del proyecto del taller doméstico a escala familiar, entre la emancipación económica y la autoexplotación, a la fábrica clandestina con 50 trabajadores viviendo en el mismo lugar. La tercerización laboral propuesta por primeras marcas importa el modelo de producción asiático incluyendo el trabajo en cautiverio y la tuberculosis. La confección en serie desmembrada produce un considerable remanente para el mercado negro. Todo saliendo por las mismas fachadas, secretas fábricas en miniatura.

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082 Colección Overlock

Video, fotos y dibujos: Julián d´Angiolillo –
Investigación y gráfica: Natalia Muñoa
Registro sonoro: Pablo Chimenti, Hernán Kerlleñevich –
Producción: Julia Arbós
El Nuevo Municipio, 2009