Cementerio habitado de El Cairo

En contra de todas las exigencias de la planificación urbanística moderna, de los dictados del islam, de las normas de higiene pública y de las convenciones sociales, la gente sigue viviendo en los cementerios de El Cairo. Las ciudades se han expandido febrilmente en las décadas recientes, y el número de viviendas en los cementerios se ha disparado. Son estigmatizados por los políticos como lugares donde se refugian los criminales, elegidos por el cine y la literatura como localizaciones fantasiosas para historias de marginación y degradación, declarados zonas con necesidad de protección por la UNESCO y considerados por los grandes grupos inmobiliarios como un terreno abonado para una nueva expansión urbanística.
Vivir en los cementerios representa tanto el malestar de las nuevas conurbaciones como su remedio. El uso indiscriminado del espacio del cementerio, considerado irracional por los urbanistas, ha proporcionado una respuesta efectiva y pragmática a la superpoblación y el hacinamiento. El elemento más interesante es la habilidad de un espacio, que había sido desterrado por la ciudad hace más de tres siglos por considerarlo impuro, para ser reutilizado y transformado para los usos más variados.

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