After architercture//
Martí Peran
El afortunado slogan según el cual "todo es ciudad" permite múltiples lecturas, pero no es un elogio de la arquitectura y sus posibles roles. La sentencia apunta mejor en otra dirección : la experiencia contemporánea es inequívocamente urbana (a pesar de que pueda tener un atrezzo rural por nuestra periódica condición de turistas que al final consumen el territorio como agentes metropolitanos de excursión) en tanto que emana del uso continuo de la ciudad. "Todo es ciudad" significa pues, de algún modo, el fracaso de la arquitectura. Al menos en la perspectiva cultivada por la modernidad optimista, convencida de que la arquitectura sería capaz de clausurar la ciudad con sus tipologías rigurosas y sus planes generales de urbanismo. La ciudad contemporánea no nace de la arquitectura sino del uso continuo, versátil y corrosivo, de lo arquitectónico. Es en esta perspectiva que parece licito afirmar que la verdadera ciudad nace después de la arquitectura .
Giovanni la Varra ha propuesto la noción de post-it city para designar estas ciudades reales, ocasionales y efímeras que se sobreponen a la Ciudad arquitectónica, al texto preestablecido que será infectado por usos no previstos de antemano. La experiencia urbana puede multiplicarse sobre la piel de la ciudad desde todos los registros : lúdico (convirtiendo espacios públicos en espontáneas canchas deportivas), económico (mediante la venta ambulante ilegal), político (con concentraciones reivindicativas) o sexual (acotando zonas para la prostitución o buscando escondites para encuentros furtivos),.... La suma de estas experiencias es lo que conjuga ese "todo" que define la verdadera ciudad : la que se escribe siempre- en un gerundio perpetuo- en oposición a la escrita con antelación mediante el lenguaje arquitectónico. Esta misma oposición puede también plantearse mediante la disyuntiva más generosa que contrapone el sky line de la ciudad , de carácter estático, y un background dinámico que emerge de los mundos de vida. Naturalmente, lo que llamamos sky line es la ciudad -contenedor, el envoltorio soñado por las estructuras establecidas y del cual se deduce la imagen de la ciudad, aquella que permite consumirla pero sólo al modo de postal. En su lugar, el background es todo ese conjunto de realidades informales y dinámicas reales en constante mutación, adaptándose y trasladándose de continuo, que denotan un uso real del espacio urbano, muchas veces de un modo explícitamente crítico con los preceptos impuestos desde el sky line : una plaza convertida en pista deportiva, unas esquinas convertidas en burdel, las fuentes públicas convertidas en aseos, los parques como dormitorio, las aceras como tribunas poéticas y políticas, ...
Las ciudades post-it , los múltiples impulsos que pueden reconocerse en el interior del background , son además absolutamente elocuentes. Todas las energías que alimentan este modo elástico de usar la ciudad permiten vislumbrar lo nuevo : nuevas subjetividades y nuevas emergencias que adquieren carta de presentación pública - que aparecen al decir de Harendt - en el escenario colectivo. Las nuevas subjetividades toman cuerpo mediante la utilización de lo arquitectónico con perfiles incontenibles ; no sólo aparecen sujetos nuevos en tanto que extraños (extranjeros) que invaden el territorio con nuevos hábitos y usos, también los indígenas escenifican la versatilidad de la subjetividad apareciendo como parásitos que juegan donde no deberían, compran a quien no tiene licencia, pasean deambulando sin rumbo, vociferan donde deberían callar o pernoctan en espacios ideados para el día; todo eso no supone, en efecto, un incivismo decadente que ha de ser corregido sino que ante todo denota necesidades, carencias, deseos, sueños y todo aquello que nos configura como sujetos más allá de las actividades ordinarias y previsibles para las cuales el sky line ya habia dispuesto unos lugares y unos tiempos.
El conflicto entre las dos ciudades, o entre la arquitectura y el uso indebido de lo arquitectónico, es de carácter permanente pero no es necesariamente frontal. Desde luego que existe una presión constante para liquidar o corregir aquellos usos heterodoxos del espacio; a cada momento aparecen nuevas normativas, disposiciones municipales e incluso nuevo mobiliario urbano que pretender regular el modo de estar y de ser en el espacio público. Sin embargo, el verdadero despliegue de la tensión sky line versus background se desarrolla mediante mecanismos de absorción que consiguen neutralizar todo el potencial crítico de las post-it cities . En Barcelona hay numerosos ejemplos de ello : si las discutidas plazas duras han provocado un desembarco masivo de skaters de todo el mundo, en lugar de reprimirlo ciegamente, ha resultado más rentable añadir el dato en la configuración de la postal de la ciudad como lugar tolerante y joven; solo se necesita diseñar unas estrategias de cierre de estas pistas ocasionales tan sibilinas como mandar la brigada de limpieza con sus mangueras a presión cada noche a la misma hora. Con estos procesos de fagocitación lo que aparecía como demostración espontánea de la ciudadanía, ajena a normativas establecidas, se convierte en pasto de una marca - la elaborada marca Barcelona en el ejemplo que comentábamos - ansiosa por distinguirse en el mercado global.
Un elemento distintivo de la ciudad que emerge a partir del uso de lo arquitectónico es su carácter efímero y su práctica ausencia de rastro. De ahí la pertinencia de la idea de post-it : una señal visible y chillona pero que puede desaparecer en cualquier momento para permitir que la suceda otra lectura de la ciudad, un nuevo uso que deberá decidir por sí mismo donde construir una nueva señal transitoria. Estas ciudades ocasionales articulan de este modo una situación genuinamente plural sin la coartada retórica del consenso y la tolerancia. No es necesario llegar a acuerdos que diluyan las diferencias sino que es perfectamente posible conservar el perfil antagónico del espacio público; nada de lo que se acumula mediante estos usos espontáneos necesita sintetizarse con el resto de posibles realidades. No es menester que imaginemos intersección alguna entre las actividades ordinarias en un polígono industrial de lunes a viernes y aquellas que lo convierten en circuito de motocicletas para teenagers durante el fin de semana; tampoco es necesario que los universitarios que circulan por el campus durante el día deban convertirse en clientes de las prostitutas que se disponen por la misma zona durante la noche.