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Martí Peràn
¿Una nota
sobre la ciudad latinoamericana.
(a propósito del proyecto post-it city). martí peran
Las ciudades latinoamericanas están estigmatizadas desde la perspectiva europeísta dominante. Al parecer de este discurso hegemónico, estas ciudades padecen de un modo acuciante deficiencias crónicas motivadas por una colección de desastres yuxtapuestos: una congestión galopante, una excesivo protagonismo del automóvil, una fractura irreparable del territorio, una agorafobia que favorece la proliferación de áreas cerradas, un abandono del espacio público y, lo supuestamente más grave, un crecimiento imparable de dinámicas informales que obstaculizan cualquier tentativa reguladora. En el interior del relato preñado de paternalismo soberbio y académico, las ciudades latinoamericanas aparecen así como el anti-modelo por excelencia o, en el mejor de los casos, como un enorme espacio laboratorio donde aplicar con urgencia las recetas ensayadas en el paraíso europeo. Algo muy parecido, a fin de cuentas, a lo que ya viene efectuando con enorme rédito el capital corporativo procedente del primer mundo occidental, mediante lo que se ha de interpretar como una segunda colonización.
Cuando iniciamos la investigación sobre el fenómeno post-it
city (las ocupaciones ocasionales del espacio público para toda suerte
de actividades, ya sean de economía informal, lúdicas, sexuales
o de cualquier otra índole) padecíamos el lastre de buena parte
de esos prejuicios. Solo dos datos incuestionables prometían revelar
una diferencia sustancial con respecto a lo resultados que la misma investigación
debería evidenciar en las ciudades europeas. El primero era la propia
especificidad europea de la idea misma de espacio público que, en consecuencia,
obligaba a una cierta cautela a la hora de proyectar su misma reivindicación
para el escenario latinoamericano. No en balde, en Sao Paulo, muy inteligentemente
se encargaron de recordarnos que la colonización portuguesa no reprodujo
la formula española de un urbanismo organizado a partir de una plaza
mayor. El segundo dato, mucho más técnico, es el peso
especifico de la economía informal y callejera en las ciudades latinoamericanas,
donde se estima que, en términos absolutos, prácticamente la
mitad de los trabajadores están vinculados de un modo u otro con este
fenómeno1 en oposición a lo que sucede en Europa, donde la venta
ambulante esta directamente vinculada a bolsas de marginación e inmigración
importantes, pero enormemente acotadas. Con la antesala de estas dos premisas
y tras las primeras investigaciones, nos parece que es imprescindible reconocer
unas dinámicas específicas a la hora de pensar el espacio público
latinoamericano que intentaremos resumir brevemente.
En las ciudades europeas, el espacio público esta sometido a unas presiones
de privatización y regulación que exigen, como contrapartida,
una permanente apropiación que le devuelva la posibilidad de instituirse
como espacio del sujeto político. La ciudad cristalizada de la precisión2
ha reducido el espacio público a la homogeneidad que garantice la perfecta
continuidad entre el trabajo, el consumo y el recreo de la clase media, evitando
la presencia de cualquier anomalía que pudiera desestabilizarlo. En
esta tesitura, no solo las actividades obligadas por la necesidad más
imperiosa (comercializar ilegalmente, pernoctar,..) sino incluso aquellas
directamente emanadas del impulso lúdico y del ejercicio elemental
de la libertad (convertir los espacios de la ciudad en cancha de juego o en
estancias sexualizadas) han sido expulsadas y dispersadas para su definitiva
desactivación. De ahí que sea pertinente dirigir la atención
hacia todos aquellos fenómenos post-it que, a fin de cuentas, aparecen
como verdaderas ocupaciones temporales del espacio público para multiplicar
sus funciones y su potencial significativo. Esta es la razón por la
cual, la capacidad subjetiva de parasitar el espacio público europeo
se convierte en una suerte de ingenio político que devuelve a la ciudad
su natural heterogeneidad.
El espacio público en las ciudades latinoamericanas, sin embargo, no
ha de conquistar esa heterogeneidad puesto que, de algún modo, es ya
la dinámica que lo constituye. El espacio público en estas ciudades
está ya apropiado por infinidad de ocupaciones especialmente
de economía informal como hemos apuntado- de modo que su reivindicación
obliga a un enfoque distinto. En particular, se trata ahora de abordar la
realidad misma de esa constante apropiación del espacio sin desmentir
que responde a la necesidad de hacer, justamente, lo apropiado: responder
a las necesidades de sus usuarios3 . Si el espacio público europeo
está privatizado por el capital y ello exige una réplica desobediente;
el espacio público latinoamericano está privatizado
por lo apropiado y, en esta otra coyuntura, lo que corresponde más
imperiosamente es encontrar replicas al discurso reformista clásico
que intentaría simplemente regular las expresiones de marginalidad
como garante de su incorporación a la ilusión de una ciudad
formal. Esta es, en efecto, la dinámica imperante frente
a las iniciativas heterodoxas en el ámbito habitacional o comercial,
desde las tomas chilenas hasta los cartoneros porteños,
desde la higienización del Zócalo de Ciudad de México
hasta la relocalización de la venta ambulante en Bogotá o Sao
Paulo, a pesar de que sólo alcanza a normalizar un mínimo porcentaje
del fenómeno. En cualquier caso, este tipo de operaciones, inevitablemente
ambiguas por la propia debilidad de las estructuras estatales que intentan
retomar el comando, no hacen sino ahondar en una profunda paradoja: obligan
a cumplir las reglas del juego formal a quienes, en buena parte,
continúan privados de las condiciones materiales que les permitiría
jugar en unas condiciones plenamente óptimas.
Es verdad que frente a esa tradición reformista existe ya otro discurso-
muchas veces de carácter populista, pero otras mucho más ambicioso
e incisivo- que se instala en el extremo de interpretar todas las expresiones
alternativas al sistema como la punta de lanza de un proceso que habría
de transformarlo radicalmente4. Quizás sea excesivo aupar las prácticas
informales a la condición de paradigma de una posible desobediencia
social, capaz de articularse de un modo autoinstituyente, fuera de cualquier
lógica de mediación y practicando explícitamente una
apropiación de espacios para el desarrollo de nuevas sociabilidades.
Ejemplos capaces de asumir este rol los hay, pero para que esta lectura encontrara
un horizonte plausible, sería menester dotar al común de estas
acciones de un grado de libertad ajena a la absoluta precariedad de la que,
hoy por hoy, carecen todavía.
La sugerencia que nos atrevemos a plantear es de un alcance mucho más
discreto. En primer lugar nos parece crucial sacudir esa especie de interiorización
de una supuesta culpa por la cual, la ciudad latinoamericana, estaría
obligada a acelerar los procesos de normalización ciudadana mediante
una aniquilación de su informalidad estructural. Los índices
de marginalidad y pobreza obedecen a una lógica económica que
exige una creación constante de trabajadores libres que
un estado embrionario como el latinoamericano es incapaz siquiera de ubicar;
eso provoca, efectivamente, un incremento de reacciones de subsistencia, pero
al mismo tiempo, esa misma realidad pudiera interpretarse como germen de un
espacio inclusivo, donde coexisten distintas micropolíticas5 en un
mismo espacio contiguo, donde las diversas dinámicas sociales se materializan
físicamente, sin delegación alguna, y de forma incluso voluptuosa.
Los post-it que se multiplican en las ciudades latinoamericanas señalan
inequívocamente hacia una extrema marginalidad, pero eso no ha de ser
solo corregido mediante la reparación liberal de un Estado Providencia
cargado de beneficios sociales con exigencias de dudosa contraprestación.
La exigencia de unas políticas de reparación está fuera
de toda duda; pero quizás no deban pasar por la simple aniquilación
de la informalidad arrojándolas a una dialéctica con un estado
interventor que tienen perdida de antemano. Bajo la misma perturbación
que esconde la ocupación apropiada del espacio público latinoamericano,
permanece latente la ciudad como agente activo y productor de un urbanismo
ciudadano6 fundado en la capacidad actuante de un imaginario que ya
no representa sino que asimila la realidad y actúa sobre ella. Es absolutamente
imprescindible actuar sobre las desigualdades atroces que obligan a buena
parte de estas actuaciones, pero sin eliminar lo que ellas contienen de efectiva
multiplicación de movilidades, de espacios y de tiempos que constituyen
a la ciudad. Los canales para dar contenido a esta posibilidad probablemente
sean muy estrechos y exijan una imaginación radical, pero su ensayo
pudiera favorecer que estas ciudades, en lugar de padecer el estigma que las
cicatriza, se convirtieran en un interlocutor prospectivo incluso para las
anodinas ciudades europeas.
1 Puede consultarse un preciso análisis del tema en los múltiples documentos desarrollados por StreetNet Internacional : www.streetnet.org
2 Richard Sennet. La conciencia del ojo. Versal. Barcelona,1991.
3 Utilizamos aquí la reconocida distinción marxista entre las ideas de propiedad/privatización y apropiación/apropiado que retomó más tarde Henri Lefebvre.
4 Esta disyuntiva se resume con acierto en Adrián Gorelik. Miradas sobre Buenos Aires. Historia cultural y crítica urbana. Siglo XXI. Buenos Aires, 2004. especialmente pp. 251-ss.
5 La cuestión micropolítica es la de cómo repoducimos ( o no) los modos de subjetivación dominante. Félix Guattari/ Suely Rolnik. Micropolítica. Cartografías del deseo. Tinta Limón.Traficantes de sueñs. Buenos Aires, 2005. p. 181.
6 Utilizamos el término en la perspectiva propuesta dentro de la copiosa investigación de Armando Silva sobre los imaginarios urbanos en América Latina. Puede consultarse una visión panorámica en Imaginarios urbanos en América Latina: urbanismos ciudadanos. Fundación Antoni Tapies. Barcelona, 2007.